"Mamá, papá... ¡Necesito que me pongáis límites!"

Como maestros, cuesta pensar que podamos serlo realmente de muchos aspectos. Sin embargo, la experiencia -o conocimiento que confiere el propio devenir del tiempo- nos ha permitido comprobar que pocas cosas pueden tener consecuencias mas nefastas para la educación de los hijos como la ausencia de límites en el seno familiar. 
La psicóloga infantil María Luisa Ferrerós explica, en una interesante y completa guía infatil para padres, por qué es bueno decir que no.
Decir que no a los niños
Los padres tienen que aprender a tolerar a veces algún llanto, o que el niño diga que no quiere hacer algo. Sin embargo, y partiendo de la base que aquello que un niño buscará (por encima de todo y por el hecho de ser niño) será pasárselo bien todo el día, los padres deben mantenerse firmes aunque sus decisiones 'choquen de frente' con las de su hij@. 
De esta forma, el niño comienza a discernir el mal del bien, el placer del deber... Y el esfuerzo que supone adquirir una virtud o la facilidad que tenemos para dejarnos arrastrar por malos hábitos. Y, sobre todo, se dará cuenta que los padres están haciendo eso por su bien. Cuando los padres prohíben al niño bajar al parque porque tiene que hacer los deberes, o condicionamos su horario de televisión al hecho de que cumpla sus obligaciones en casa (barrer, poner la mesa, ayudar a doblar la ropa, etc.), el niño se enfadará... ¡Por supuesto! ¿Qué niño no se enfadaría? Sin embargo, estos límites serán las 'alas' que le permitan volar libre, muy libre, en un futuro cercano... Pues solo la persona capaz de autoimponerse límites -en definitiva, la que no se deja llevar por sus placeres inmediatos en todo momento- puede llegar a ser feliz. Quizás este aspecto, y dado que dicha reflexión solo puede darse en la madurez, tarden más en descubrirlo... Pero lo que en el fondo sabe y entiende muy pronto es que todas las decisiones que tomáis, las tomáis porque les queréis.

El miedo a traumatizar a los niños

Una de las principales preocupaciones de los padres es la de no ser demasiado estrictos... Por miedo a traumatizar al niño. Y esto no es así, ya que los niños sólo se traumatizan cuando alguien les hace daño de verdad, ya sea físico o psicológico. Pero cuando los padres le imponen un castigo educativo, acotan ciertas manifestaciones de su carácter, limitan su conducta o le prohíben ciertas cosas por su bien, jamás se traumatizará un niño: será su opuesto, la ausencia total de límites y la falsa creencia de que 'todo le debe ser concedido', la que marque y traumatice al niño de por vida.
Por último, hay que tener en cuenta que los niños no quieren realmente que les compremos y les demos todo... Aunque lo pidan. Un niño no sabe distinguir, en muchas ocasiones, un primer impulso ante un estímulo inmediato o un bien permanente a largo plazo. Como vimos en el anuncio de IKEA (la carta de los reyes), lo que de verdad quieren los niños es que estemos pendientes de ellos, que seamos padres de verdad.... Y que cuando haya una cosa que no deben de hacer, que nosotros no se la dejemos hacer. En ocasiones, ellos mismos no tienen fuerza de voluntad para decir que no, y esta falta de práctica a su alrededor les llevará -en un futuro- a dejarse llevar por opiniones, personas,  ideas e influencias contra las que no saben luchar. 
Recuerda.. Darle todo a tu hij@ no es amarl@.

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